Historia

El viaje por la Interoceánica no sólo ofrece naturaleza, gastronomía o paisajes. Sus valles y cerros están cargados de historia. Desde los petroglifos y geoglifos que rodean Nasca hasta la maqueta que escenifica las tres regiones peruanas y con la que, los antiguos incas, conocía el clima y el éxito o fracaso agrícola del año siguiente: el complejo arqueológico Saywite.


Algunas de esas riquezas están junto a la carretera, como Tarawasi, en Limatambo, o el mismo Saywite. Otras están escondidas, como Quillarumiyoc, el templo de la luna, en Ancahuasi, la capilla de Pucaorco o la ciudadela wari con la iglesia jesuita del siglo XVII en Huallaripa.


Son la fusión de muchas culturas, sobre todo de la inca, la chanca y la wari, pero también de las sucesivas migraciones que ha habido a lo largo de toda la tura, y que cambiaron los patrones de manejo del territorio, la producción, la religión o incluso la comida y el vestido.


A lo largo de los valles de Chalhuanca y Curahuasi, se encuentran muchas haciendas de la primera época de la Conquista española, en las que la producción de caña se llegaba a exportar a Europa. Algunas haciendas están derruidas, otras se han mantenido para la experiencia turística o transformadas en colegios y oficinas públicas. Por ellas pasaron personajes como José María Arguegas, o se cultivó la primera uva de todo América.


Muchos de los pueblos y comunidades que atravesamos tienen una larga historia que se sigue recreando hoy. En los andenes de Andamarca, Caraybamba o Zurite se siguen cultivando, y viejas tradiciones, que nacen de la mezcla de la cosmovisión local con la religión católica, se siguen ofreciendo hoy a todos los viajeros que quieran descubrirlas, como los danzantes de tijeras, el chaccu de Pampa Galeras, la gastronomía de Abancay, que recoge estilos y productos de libaneses, italianos, alemanes o árabes, o las pinturas murales de Andahuaylillas, Huaro y Canincunca, que forman la Ruta del Barroco en el Cusco.


De esta manera, el viaje por la Interoceánica es inagotable. Siempre hay nuevas historias y nuevos lugares por descubrir, haciendo del recorrido por ella, el destino mismo de ese viaje.